“Mi marido es un santo –decía siempre doña Cloralia–. Hombre de buenas costumbres, cumplido y responsable, se caracteriza por ser metódico y ordenado: de su casa al trabajo, y del trabajo a su casa. Nunca sale por las noches”. A pesar de ser un santo, al santo señor se le ocurrió pasar a mejor vida. Lo estaban velando cuando llegó a la funeraria una mujer de exuberantes formas. Llevaba consigo a un chamaquito, vivo retrato del desaparecido. Se plantó ante los dolientes y manifestó: “Este niño es hijo del desaparecido”. Dijo doña Cloralia: “¡Joder! ¡El cabrón era malanero!”... Premurio casó con Patrucia, oficial de la Policía de Caminos. En la noche de bodas el desposado inició el acto conyugal y lo terminó en 10 segundos flat. Le dijo la novia: “Lo siento. Tendré que multarte por exceso de velocidad”... El pajarito hizo el nido, pero le dejó abajo un agujero: Le explicó a la pajarita: “Es que no quiero tener familia”... Don Terebinto, señor octogenario, fue acusado de abuso sexual. Su abogado lo sacó libre. Demostró que la evidencia no se sostenía... Otro provecto caballero fue objeto de un señalamiento igual. “Lo que dice la parte acusadora es falso –declaró–, pero la acusación…
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