Con el descenso de las temperaturas y la llegada del clima gélido, el vestidor olfativo exige un cambio de rumbo inmediato. Las notas ligeras y cítricas del verano pierden fuerza ante la densidad del aire frío, dejando el escenario principal a composiciones opulentas: acordes de vainilla, ámbar, maderas nobles, resinas y especias cálidas diseñadas para perdurar en prendas de abrigo y proyectar una presencia inolvidable.
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