La guerra en Sinaloa rebasó los dos años sin que se vea avance o mejora. Los datos no mienten: la semana pasada fue la segunda más letal desde 2024. El operativo del gobierno federal está ahí, prácticamente como ocupación militar. ¿Qué tan lejos está ese estado de la paz? Pues construyendo cárceles, como ahora se le ha ocurrido a Morena, no necesariamente más cerca.
El gobierno estatal anunció el 9 de octubre que Sinaloa tendría un nuevo penal. Un día antes en el de Mazatlán hubo una riña con 10 muertos. Cuando en voz de Omar García Harfuch, secretario de Seguridad de Claudia Sheinbaum, llegó la confirmación de que la Federación apoyaba esa construcción, la cifra de víctimas por el desgobierno en el reclusorio mazatleco había subido a 12.
En Sinaloa hacen falta muchas cosas para salir del infierno. ¿Debería estar una nueva cárcel en las prioridades de la búsqueda de paz? Para responder esa pregunta es oportuno y hasta obligado citar a la doctora en antropología Elena Azaola en su reciente artículo de la Revista de la Universidad de México, cuyo tomo de julio-agosto está dedicado precisamente a las cárceles.
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