Tras la jornada de protestas masivas que tuvo lugar el sábado en Francia, Italia, Albania, Bélgica y Portugal, París y Milán se vieron sacudidas de nueva cuenta ayer por nuevos disturbios y actos represivos. La situación es particularmente crítica en la República Francesa, cuyo presidente, Emmanuel Macron, se ha visto desbordado por los acontecimientos a seis meses de la elección presidencial prevista para el año próximo. Incapaz de ofrecer una respuesta de fondo al descontento social que recorre el país, y que ha tenido por epicentro las movilizaciones estudiantiles que demandan acciones concretas para restaurar un sistema educativo en ruinas, el gobierno ha reaccionado de manera doblemente equívoca: mientras que el jefe de Estado anunció la imposición de severas limitaciones a las manifestaciones, su primer ministro, Sébastien Lecornu, buscó criminalizar al candidato presidencial de izquierda Jean-Luc Mélenchon, dirigente de La Francia Insumisa (LFI), a quien atribuyó la responsabilidad de la violencia que se ha desatado.
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