De pronto pareciera que Europa está de cabeza. ¿Qué pasa en Francia, España, Italia, Portugal, Bélgica, Albania? Las manifestaciones aparentemente simultáneas en estos países no pueden verse como un simple contagio: el malestar social, cultural, está presente desde hace años ahí y en otras partes del mundo. El descontento por las condiciones y decadencia de la educación, la falta de vivienda, el deterioro de los servicios públicos, el autoritarismo y la corrupción, entre otras fallas, no es nuevo, ni re-surge por azar. En un contexto de políticas de austeridad y, ahora, inflación creciente, la toma de las calles apunta en más de un sentido a las grietas del orden establecido, a los huecos detrás de la fachada de la “eficiencia” neoliberal. Juventudes y poblaciones diversas alzan la voz contra un sistema sociopolítico cada vez más excluyente y depredador que amenaza el futuro y asfixia el presente.
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