NosotrAs: Tenemos derecho al placer
El placer femenino durante siglos ha sido objeto de censura y castigo. Hemos sido consideradas valiosas según nuestra capacidad de reproducción y cuidado del hogar.
Los poderes políticos y económicos nos controlan mediante los placeres, pero ¿qué sistema de valores hace posible que el placer se convierta en instrumento de control y de dominio? La pregunta es más profunda de lo que parece. Habitualmente se analiza cómo los individuos son gobernados a través de sus deseos, sus necesidades o sus emociones. Sin embargo, antes de que un poder administre y dirija los deseos debe operar sobre algo fundamental: las creencias mediante las cuales las personas deciden qué es bueno y deseable. Ningún sistema de dominación administra placeres en el vacío. Toda forma de poder presupone una jerarquía moral que define qué debe considerarse valioso, admirable, exitoso o digno de ser perseguido. La historia de los placeres es, por lo tanto, inseparable de una historia de los valores.
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