CAMBRIDGE—Europa se enfrenta a una crisis de productividad. En el último cuarto de siglo, su productividad laboral ha aumentado solo la mitad de rápido que la de EU, ampliando la brecha entre los ingresos estadounidenses y europeos. Gracias a un mayor gasto público, instituciones del mercado laboral más sólidas y mejores redes de protección social, los beneficios del crecimiento económico europeo se distribuyen mejor. Pero sin una mejora de la productividad, las economías y democracias europeas seguirán estando en riesgo.
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