El 17 de septiembre, docentes del liceo Saint-Exupéry, en Créteil, se fueron a huelga porque faltaban profesores de matemáticas, francés e historia. Esa misma tarde se les sumó el alumnado, con una consigna modesta: “Estamos pidiendo lo mínimo”. Desde entonces, las movilizaciones llegaron a bloquear más de mil planteles, llevaron a cientos de miles de personas a las calles y tienen bajo presión a los gobiernos de Lecornu y de Macron. Lo que parece una protesta escolar es, en realidad, la factura de décadas de desfinanciamiento de la educación pública.
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