Durante décadas, las reglas de la competencia eran relativamente claras. Un supermercado competía contra otro supermercado, una cadena de restaurantes contra otra y una tienda de conveniencia contra la que estaba en la siguiente esquina. Cada industria tenía sus jugadores, sus estrategias y sus consumidores. Hoy esas fronteras prácticamente han desaparecido. Todos quieren conquistar el mismo territorio: nuestro estómago. Y la pregunta que mueve miles de millones de pesos diariamente es tan sencilla como complicada: ¿qué voy a comer hoy?
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