El futuro profesional de mis estudiantes siempre ha sido una de mis preocupaciones como docente universitario. Durante años, repetimos a nuestros hijos y alumnos algo tan importante, casi sagrado: estudien, trabajen y administren sus finanzas para construir una vida mejor. Esta idea ha guiado compromisos en los que hemos sacrificado a la familia por la inversión en el futuro. Pero ¿qué pasa cuando un joven cumple con su parte y se da cuenta de que su sueldo apenas alcanza para cubrir el presente, dejando a la vivienda, los hijos y la estabilidad a merced de lo que pueda llegar?
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