Cuál no sería la sorpresa de Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, cuando Dulcilí lo llamó por teléfono para concertar una cita con él. Era justificado el asombro: tiempo atrás se había roto el noviazgo del salaz sujeto con la linda chica. Aconteció que él le hizo una proposición indecorosa, y ella la rechazó indignada: “¡No haré eso sino hasta que nos casemos!”. Afrodisio no tenía intenciones de casorio, y a partir de entonces no se vieron ya. De ahí la sorpresa de Pitongo cuando ella lo llamó telefónicamente. Acudió a la cita, y su asombro se convirtió en estupefacción cuando la chica le propuso que fueran al Motel Kamawa a disfrutar “un rato de expansión sensual”. Esa barroca expresión usó la linda chica. “No entiendo –se desconcertó Pitongo–. La última vez que nos vimos me dijiste que no harías eso sino hasta que nos casáramos”. Replicó Dulcilí: “Supe que te casaste, y yo también me casé ya”... “Con usted hasta la ignominia, señor Presidente”. La frase, perteneciente a los antiguos tiempos, es aplicable a los presentes. En efecto, los legisladores morenistas, diputados y senadores, no sirven a México: sirven a López Obrador. La forma grosera en…
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